Criterio: Capacidad para decidir

June 29, 2008

Entre un “si” o un “no” difícilmente puede situarse un punto medio. No estoy alentando al extremismo, es simplemente cuestión de opciones. Escoger qué acera es la que más te conviene, y, obviamente, siempre será o la una o la otra ya que pararse en medio de la carretera no es una buena opción.

A los indecisos les pasa precisamente eso, están siempre ubicados en medio de la calzada asustadísimos y concentradísimos en esquivar los vehículos que les acechan por delante y por detrás. Tan ocupados en tal tarea que el objetivo inicial de llegar a una de las aceras se convierte en algo dificilísimo y además secundario, pues lo primero es permanecer entero. Y así se pueden pasar la vida entera con el obvio desgaste que una cosa así supone.

Prácticamente todo el mundo ha cambiado de opinión en un momento u otro de su vida, y ha pasado de una acera a la otra. Pero si se hace con calma, decisión y haciéndolo en el momento correcto en absoluto es algo arriesgado.

Y estos factores son, precisamente, de los que carece el indeciso. No cruza ni con calma, ni con decisión, ni en el momento más apropiado.

Suele ser un cambio precipitado con el único objetivo de llegar a la otra acera, no aparta la vista de la otra acera. Ni lo hace con decisión, pues cuando está en mitad del recorrido empieza a mirar la acera de donde viene y cavila la posibilidad de que sea realmente donde se esté mejor. Incluso cuando por casualidad escoja el mejor momento para cruzar, que es lógicamente cuando la ocasión lo permite y en el ejemplo sería básicamente cuando el semáforo de los peatones está en verde, al vacilar y pararse a intentar decidir, como es de esperar, la luz parpadea imprimiendo más tensión y colapsando al transeúnte quedándose inmóvil. Luz roja y empieza el caos.

El criterio no se inventa, no se roba ni se improvisa. El criterio se educa, se esculpe y se alimenta. Brota en el interior de la mente inquieta en busca de pautas, en busca de directrices que nos definan y que nos permitan emerger la plenitud que como personas nos pertenece.

Pero el criterio no es para nada hermético ni divino, no es en absoluto intocable una vez creado, pues necesita a veces ser erróneo para conseguir uno más adecuado. Como semilla que crece y que se desarrolla necesita ser regado y revisado, incluso ponerlo en duda de vez en cuando.
Ejerce de patrón, pero no para encorsetar ni adoctrinar, no nos resta libertad más bien al contrario, es la herramienta que nos permite ejercerla.

La Paradoja del Colapso Económico

June 1, 2008

Si por algo se ha caracterizado la naturaleza, hasta el momento, es innegablemente por la adaptación. Esa capacidad para sacar partido a las propias cualidades y conseguir la máxima optimización entre recursos y resultados.

Si algo no se adapta, si resulta demasiado caro de mantener, o si otra especie lo hace mejor o más rápido, básicamente se extingue.

Si la naturaleza ha dispuesto de millones de años para optimizarse, es lógico que haya desarrollado técnicas hasta niveles superiores. No sé si existe la perfección, en caso de que la perfección absoluta no exista es más que probable que la evolución haya llegado o llegue a lo más parecido a ella.

Y de ahí la constante mimetización que el hombre ha adoptado de la naturaleza.

Socialmente. Las construcciones urbanas siguen estructuras que bien podrían ser las de un hormiguero, o incluso las del sistema circulatorio de prácticamente cualquier ser vivo. Con sus vías principales y ramificaciones, los cuerpos encargados de la manutención, la seguridad o el mantenimiento.

Tecnológicamente. A lo largo de la historia han ido surgiendo artilugios que siguen indudablemente las pautas creadas por la Naturaleza, desde los aviones a los submarinos, que no hacen más que imitar los mecanismos de aves o peces en estos ejemplos. Hasta una de las obsesiones más fervientes de la humanidad, el de la creación, creación de pensamiento, máquinas que piensen, intentan imitar la estructura básica de estimulo-respuesta, orden-tarea de la que todos disponemos en nuestro “sistema operativo” de serie. Por el momento estamos a años luz, pero podríamos ver en los ordenadores un principio de almacenamiento y proceso de datos que podría verse como el inicio del ADN, o el ser primario en el mundo tecnológico.

Económicamente. La economía es la creación con mayor capacidad mutante de las creadas por el hombre. Dispone de la mejor y la más veloz de las maneras de adaptación. Podríamos decir que es como la Naturaleza misma. Y las empresas serían esos seres que intentan adecuarse a las necesidades y vicisitudes del entorno, o sea del mercado, con el único objetivo de perdurar y prosperar.
Se dice que Henry Ford descubrió una innovadora manera para optimizar la productividad, que podríamos decir que es el propio metabolismo de una empresa. A lo contrario de lo artesano, donde un individuo realiza toda una serie de procesos para elaborar un producto, el Sr. Ford concibió una nueva manera de construir. Se trataba de la especialización, donde cada trabajador se encargaría de una tarea específica, consiguiendo con ello una mejor destreza individual en cada una de las fases de la fabricación consiguiendo de esta manera mayor efectividad y rapidez en el resultado final.  Estamos hablando de la cadena de montaje, uno de los factores que dieron lugar a la revolución industrial, siendo ésta uno de los hitos más importantes en la historia de la humanidad.

Y ¿qué somos nosotros mismos, sino el resultado de la especialización de colonias de células?  No se podría concebir un cuerpo en el que cada célula por separado se encargase de las distintas funciones de las que requiere para sobrevivir. 

La economía de mercado, en general, actúa como la propia Naturaleza, extinguiendo a los inadaptados o ineficaces, y premiando a los que consiguen hacerse un hueco de manera ingeniosa o revolucionando con nuevos recursos.

En la “jungla” económica existen cantidad de distintos estadios y maneras de funcionar. Desde los centenarios y titánicos árboles, a las malas yerbas, los rápidos y adaptados mamíferos, los parásitos “chupasangre” o los carroñeros, hay cabida para todos mientras encajen en el entorno, mientras tengan cabida en el mercado.

La Naturaleza necesitó de unos 800 millones de años para crear la vida. De eso hace ya casi 3.800 millones de años.

Desde el primer organismo vivo al primer dinosaurio se calcula que pasaron cerca de 2.700 millones de años. 

De forma totalmente especulativa podríamos decir que, económicamente, nos encontramos en plena era de los dinosaurios, donde la competencia voraz y salvaje rige las pautas del mercado. Sin una conciencia global ni una “civilización” en las formas.

El salto evolutivo causado por la revolución industrial fue algo descomunal, y el capitalismo y la globalización han sido un caldo de cultivo óptimo para el desarrollo de la economía. Me atrevería a afirmar que el salto de la ameba al dinosaurio, económicamente hablando, ha sucedido en los últimos 200 años. 

De los dinosaurios a los primeros homínidos pasaron cerca de 200 millones de años. Siguiendo la misma pauta evolutiva hasta el momento eso significan 14 años “económicos”.

Y de los homínidos a los primeros Homo Sapiens significarían apenas un año y medio.

Toda esta especulación no es para nada científica, pero al menos nos sirve para hacernos una idea de por dónde van los tiros. Estos escasos 15 años, que en teoría quedarían para llevar la economía al “hombre”, en teoría, civilizado y avanzado de hoy en día, son siempre teniendo en cuenta que el ritmo de evolución es regular. Puede perfectamente dibujar una función creciente y acelere el proceso.

El principal problema que me evoca esta reflexión es el siguiente:
Llegará un momento en el que la economía sobrepasará, evolutivamente hablando, a la propia humanidad. (Este ejemplo también sería aplicable a la tecnología ya que ha seguido su mismo crecimiento pero básicamente, a mi entender, porque es mercado y como tal, se abre paso.)

Lo que no me queda tan claro es si la humanidad, como tal, sabrá manejar un salto evolutivo que está por delante de su propio estadio o por el contrario causará el colapso por no estar capacitado de gestionar tal avance ya que se nos presenta una paradoja: Si la economía imita los pasos de la Naturaleza, ¿qué patrón seguirá cuando se le acabe el modelo?